lunes, 26 de octubre de 2015

Alguien Escribe , Primera parte

Esta no era otra de sus pálidas sensaciones. Tulio Dimercci notaba una intensión infame, de como las cosas hace tiempo que sucedían fuera de su control. Llevaba siete meses sin ver más allá del interior de un departamento de treinta y dos metros cuadrados, que él mismo había repartido con ingeniosa vanidad. No había tenido hermanos, ni conoció el sonido de su nombre en boca de mujer alguna. Jamás había viajado en treinta y nueve años. Nunca había ganado ningún sorteo de carnicería ni logró concebir esas técnicas vertiginosas para dibujar sin salirse de los lados. No era el mundo y sus encantos un lugar suficiente, donde Dimercci pudiera sentir aquella obligación natural de cautivarse, que tan imperdonablemente modelan por la vida los rientes de la calle y sus bolsas de comprar el pan. Él solo migraba desde su reducido nido horizontal, hacia aquel baño azulejado, al otro lado del colchón.
Desde el más afuera, cada madrugada una luz prendida se infiltraba hacia su departamento, rebotando  sobre el espejo de aquel baño. Por inercia, el travieso resplandor, continuaba su trayecto recorriendo un pequeño pasillo, zigzagueando algunos muebles y el agujero de una puerta, hasta golpear pertinaz, la cara dormida del hombre. Frunciendo el ceño por causa de esa fuerza lumínica, se encontraba forzado cada noche a levantarse a correr las cortinas y así dar muerte a aquella luz insoportable, o para bien, dar vida a las sombras— Viéndolo desde el lado más contemporáneo de la perspectiva — El aprovechaba esas oportunidades para ir al baño y observarse dibujado en el cristal a largas horas de la noche, con una respiración inquieta , sorprendiendo de vez en cuando a un reflejo distraído, que intentaba llevarle el ritmo de manera discreta. También puedo revelarles que gozaba de un radio que definía tangos, una ventana azul por la que escupía a peatones ocasionales, tres tenedores y un sutil tartamudeo del que no pudo escapar.
Tulio definía a todo esto, como a su único mundo real y posible. Pero también, sabemos que lo posible solo es una moneda de dos caras, que oscila al filo de lo cierto y de lo impronosticable. Y para alguien como Dimercci, había grietas demasiado profundas de esta realidad, que él no estaba dispuesto a tolerar. Cosas que jamás terminaban de convencerlo por completo. Que la vida simplemente fuera esta manera higiénica de morir o una derrota diaria de descubrirse cada noche delante de un espejo haciendo lo que cualquier otro hombre pudiera estar haciendo en ese mismo momento, sin lugar a ningún tipo de exclusividades. Su mundo no era otra cosa que un mecanismo de réplicas y repeticiones, con la orquesta de un tic tac, tic tac brutal y frustrante que siempre lo acompañaba  pateándole los talones.

Él tenía fundamentos soberbios para descreer de casi todo lo que le habían contado, aunque sinceramente, nunca podrá ser posible adivinar , si la culpa es de uno por optar beber de la copa ingenua de las alegrías o si es uno el elegido por el sobrio y amargo encanto de cuestionar lo estable. Pero dejemos ya en paz a las incertidumbres inútiles y centremos la historia de Tulio Dimercci en la noche concisa en que todo ocurrió.
Era un 4 de marzo ordinario. Todo se daba con esa misma extrañeza de siempre. Otra nocturna visita al baño, donde se reconocía en el cristal, luego de correr la cortina privando la luz. Algo no encajaba, aunque quejarse de que era algo notable o incomodo como la humedad o las buenas noticias, sería decir una miserable falacia. Quizás podríamos considerar la contingencia de que se trató de una provocación metafísica, desde algún más allá, que manifestó esa noche, sus intenciones claras de fastidiarlo. Él notaba algo anormal en uno de los ojos del espejo, o en uno de los suyos; si es que realmente todo reflejo responde a la condición de un hombre y a su propio vacío. Acercó su rostro pálido lo más próximo al vidrio, y así tuvo la certidumbre tétrica de todo lo que presentía. Era una habitación de ocho esquinas, con un individuo gris que caminaba inquieto dentro de su retina. El asombro lo precipitó quitándole el aliento,  — ¿¡He enloquecido mucho antes de lo previsto!? —se dijo con los nervios a pique, turbado en el suelo del baño, abrazándose a sus piernas. Algunos minutos más tarde o algunas horas después, una fiebre lo abrazó como quien es salvado de un silencio de luna y el encanto ensimismado de una muchacha indiferente.
Tulio se puso de pie delante del espejo y se lavó los ojos en el lavamanos, como si fuese ese, un último pedido cordial, para que ese más allá se retractara de avasallarlo de manera tan terrible. Observó la habitación nuevamente. El paisaje seguía imperturbable, con aquel individuo yendo y viniendo por todo el habitáculo, como un lince ibérico, que planifica invisible, la caída del cervato desde una cómoda maleza. Pero Dimercci era ágil. No demoró en notar a los cientos de bocetos que caían en cascada de un pequeño escritorio del ente. Al leer se torció de espanto ante aquellas siniestras revelaciones, pues ahí estaban —crease o no —documentados sus íntimos y más vagos recuerdos. El primer trabajo a los catorce años, el amor al piano, el génesis de la masturbación. Ahí estaban las lejanas tardes infantiles con su amiga Mariel. Esa oportunidad inconfesable en la que huyó antes de besarla en los labios por primera vez y que diluvio largamente en una añoranza inconclusa durante su vida. Todo estaba vilmente guionado en aquellos escritos. También reconocía varios croquis que confeccionaban cada movimiento de un Dimercci desorbitado; El trayecto de la cama al baño. De las escaleras al zaguán, otro similar del cabaret a la revisteria y hasta uno vertical,  desde su balcón hacia una caída libre al pulido cordón de la calle Centenera. Toda su vida posible se encontraba allí, sobre un escritorio, barajándose malignamente a la voluntad del individuo gris.  Brizna de amable abandono se derramó en el corazón de Tulio. Con un llanto matemático, el triste hombre miró sus manos y se blasfemó así mismo. Luego tomó el espejo lentamente por uno de los bordes plateados. Se reconoció por última vez,  y como quien cierra la mano matando a una cosa, lo estrelló con la rabia de toda su intraducible vesania.  Solo quedaban él y la esquirla de su inmaterial hallazgo, disperso sobre el suelo del baño.

Ahora todo era lo bastante claro para Dimercci. Empezaba la caída de una realidad imaginaria, y estaba compuesta de voces con las que nadie hablaba, ojos donde nadie miraba y la exigencia de un destino en manos de autores aburridos— Una fantasía solo puede disolverse con otra fantasía— dijo teniendo la certeza magica de que a la vida, discretamente, hay alguien que la escribe. 




jueves, 27 de noviembre de 2014

COMO PECES AÉREOS

Esa mañana por la pantalla de un televisor 
se anuncio por fin, la completa extinción
del mas incompetente de los mortales.

Al igual que en un pequeño articulo sensacionalista , 
se remarco en rojo Escarlata ,
la inmediata tragedia de aquel híbrido ,
junto a la del gran billete ganador .


- ¡Ah muerto el ultimo poeta?  Preguntaron arriba.
- ¡Abuelo cierra la puerta !  Oyeron abajo .

La noticia se corrió por las escaleras .
los ascensores , bajó por los balcones,
penetro los templos , avenidas, 
avioneta  y marabuntas posibles

Y en menos de lo que conllevaba dibujar un pájaro
por aquellas tardes ; El rumor copaba hasta las
entrepiernas de las féminas .

Por entonces , todavía todo era tranquilo y quieto, 
Nadie parecía sentir el desasosiego 
de un cuerpo recién abandonado.

Pues nadie con el demasiado tiempo libre ;
Se hubiera detenido ni por un instante , 
a contemplar en los escaparates de la muerte 
y a sus publicidades homicidas.

Pero fiel a sus principios básicos
de la física en movimiento . 
las primeras en notarlo
fueron las leyes de 
la distancia y diferencia.,

"Por que todo debe moverse en el universo , ininterrumpidamente !
Pero no todo lo que en el universo se mueve , subsiste por consecuencia 
del universo " 

Explico o eso entendimos de un vendedor ambulante 

Las palabras dejaban de manifestarse
como portales que acortaban el espacio entre
besos y la duda 
o el olor del libro 
y el relacionar por completo con las manos de una virgen.

Todo dejaba de estar perfectamente oculto, 
Muy rápidamente ya nadie miraba a nadie para aventurarse 
a insinuar si quiera un poquito ...

Puesto que la diferencia
entre caminar a solas y deambular despacio
no estaba clasificada en las pandemias conocidas

El amor y el odio , la guerra y los billetes de lotería
seguían siendo las clásicas tendencias  .
Pero murieron las reconciliaciones , 
por que café difícilmente 
quería decir otra cosa que solo café.,.
ni  se deshacía el amor como antes
y el olvido dejó de ser una demanda moral.

Todo estaba tranquilo y quieto, pero muy perdido.

Todo el pueblo se apropio de algo ,
en un grave intento para desorientar a la tristeza,
Un pan,
Un olor de mujer,
Un silencio vivo,
Un placer divino ... 

Vaya Maldición !
habíamos buscado la bienaventuranza 
de lo eterno , 
mas la muerte se asqueaba 
de comernos....

Sin mas que hacer ,
Cada quien se abandono por su cuenta ,
a la causa y los efectos de la culpa.

Se apagaron las lumínicas ventanas,
solo en las calles cabían las polillas 
los panfletos , las ganas de dormir
y algunos perros que se muerden la cola .

El silencio se sentó a leer,
y así nos enteramos ,
que el frió poco y nada tenia que ver
con las condiciones atmosféricas. 

Con absoluta precisión,
y muy matemáticamente,
pudimos sentir la belleza correr
en los parpados cuando se llora
sin un pronostico estimado.
Lejos, muy lejos de esperar
por la esperanza.

Y es allí ,
Cuando sin querer , 
entre los pequeños ecos de una luna,
y ante la vista de algún perpetuo escéptico 
se materializó el poeta.

En jazmines celestes,
y en peces aéreos
que no vimos, 
ni creíamos si quiera posible 
tomar de lleno 
la infantil idea de voltear a verlos 
y contemplar el misterio 
que los vuelve bellos.

Son viajeros a través del cosmos
llevando y trayendo la luz
en sus bocas moradas ,

Formando anillos y orquídeas 
que pronto y sin mas aviso 
serán galaxias ,
que luego aquí,
desde mucho mas abajo ,
las llamamos 
"tiernos rumores lejanos" ,
parecidas al amor ,
poco mas ciertas que la eternidad.
Diseñadas para solo
salvarnos de nosotros mismos, 

(Que maravilla)

Y entendimos al fin ,
que ellos ,
los jazmines azules 
y los peces aéreos ,
al igual que los poetas muertos ,
estuvieron desde siempre, 
desde niños,
desde muy vivos.
lamiendo las nubes ...
solo para nosotros ,
El mundo.

Inspirado y Dedicado con amor para Rafael Lechowski .




CARTA DE ABANDONO

Hija de mis besos,
crecieron  remolinos en mis manos
cuando te fuiste o tal vez me fui,
no lo sé y da igual ...

Me gusta fantasear
que los suspiraste a propósito
para que yo te lo contara.

Sigo sin entender bien , 
¿de mi mundo te has marchado ?
o yo harto de ti
¿ te eh sepultado en este jardín donde ahora te escribo ?

Tu pañuelo duerme ahora junto a mis libros
al costado del silencio 
donde antes guardabas tus preguntas,
que tanto miedo me daban o me dan

¿Sigues dibujando  avionetas?
¿Como son las flores de tu ventana?
Se que de seguro tienes una o dos
¿Con que nombre te llaman tus amores?

Tal vez te gustara saber..
¡Volví a teñirme el pelo! 
( parezco una bengala )

A pesar de que te gustaba mi pelo turbio
no podías saber que odiaba los halagos
y amaba las dulces contradicciones 
con el mismo ímpetu con el que aveces te odiaba ,
por la valentía tuya de amarme tanto.
y con tan precioso silencio. 

De seguro he sido yo el que te ah olvidado...

Es un amor muy desalmado ,creen ellos
y una insoportable comedia rusa para nosotros.
alguno hay por aquí que también pregunta .
me pregunta por ti.

- No se quien de los dos abandono a quien, tampoco me divierte saberlo.
contesto con cara de trueno y una risa forzada .

Y es que me divorcio del resto de los flamantes amantes
con sus millónes de para siempres ,
sus promesas a la luna, 
la castidad ,  la hipoteca y tu mamá.

Perdóname por mi vértigo a los abrazos
si esa es la razón por la que te fuiste.
yo te libero de la culpa de intentar 
cambiarme si fue esa tu idea.

Yo no te considere nunca tan única . 
ni especial , ni necesaria ,
ni yo tu solución.  ni tu primer amor

Te vi casi como a todas ;
con grandes vanidades y torpezas
enjugadas en café y miel.

Revelada a mi con una pequeña y desvalida, 
pero no menos importante distinción .

Y es que de toda mujer brotabas tu , mi amor.
como mandrágoras que perfuman en la penumbra
de los pantanos, así te manifestabas ..
o como la voz de Dios
que resuena en todo lo que es 
y alguna ves sera .

penetrada
y
deshabitada 
de 
mi 
alma. 
ahora
lo 
se.

ahora
lo 
entiendo..

y con un perdón apasionado
lo entiendo.

¡Te fuiste !

Te... fuiste ?

Si , te fuiste.

Y tuve que descender hasta el abismo mas profundo
 y oscuro de este párrafo
 para descubrir  de que te fuiste
y tu ausencia es mi demonio mas perverso

Solo me queda ahora una vergonzosa esperanza
llamada tiempo que me promete que vendrás 
y así te espero, amor mio.

Con la vehemencia que un cadáver
espera el ultimo adiós de su mejor amigo
o la muerte el silencio de un recién nacido.

Con la pasión que se esperan los otoños.
y con la falta de interés que hoy provocan las buenas noticias .

y si  decides no volver por mi
siempre que te acuerdes de mi ,
nos volveremos a despedir .

hija de mis besos.



DESORDEN IRACUNDO

Arriba la noche,
y mis párpados,
cansados,
tiemblan.

Tenue luz la que
por la mirilla del alma
brilla,
antes de que el letargo
se vuelva
penumbra
y niebla.

Lo onírico me inunda,
las pesadillas se apoderan de mí.
Todo se vuelve oscuridad,
una maldita oscuridad.

Y de pronto un nombre,
tu nombre.
Entre el infausto perro que yace,
las flores muertas y el dolor del sueño,
nace tu nombre.

El orden de tu nombre.
Articulo mis palabras
para el orden de tu nombre.
Cada sílaba se entrelaza,
y en esa armonía
está
tu nombre,
en su orden.

Y despertar es una trampa,
¿No se pone el alba
para aquél que nace muerto
entre relojes que someten
y maletines de escritorio?
No me disuelvan, por favor,
no me disuelvas;
no sin vos.
No sin vos entre mis sábanas.
No sin vos en mis mañanas.

Las yemas de mis dedos
cual filosas cuchillas,
se incrustan en mis sienes.
Círculos de dolor, de insomnio,
de pena y sufrimiento
son los que éstos,
mis dedos,
tan dispersos,
hacen.

Profundo el silencio
de un despertar
injusto.
Aprieto los párpados
sabiendo que afuera
la lumia luz golpea con violencia.
Pero oigo tu olor,
veo tu voz;
beso tu risa,
penetro tus manos.
¡Crepúsculo, vuelve!
Y sueña conmigo…

Mi ser está inestable,
enajenado.
Desesperado,
me veo combatiendo
las desdichas de mi realidad.
Inclinado hacia un rincón
una lágrima cae,
y su peso golpea contra el piso:
se expande,
explota, se dispersa
y así,
tan rápido, desaparece


El espejo es cruel conmigo,
guarda una mala imagen de mí.
Y son las, casi, diez de la mañana.
Tan vivo en el dolor
y envuelto en mis horarios
matutinos,
mis apariencias
y mis ganas de dormir,
un jazmín muerto
trae un débil perfume,
y en él,
tu nombre 


cadáver exquisito: Paula y Daky)



LOURDES

  Lourdes  no quiere vestirse.

La cama  se llena de bromelias y palomas,
el mundo apenas agoniza 
intentando entrar por la persiana.

 Amanece en su cintura de sesenta y dos centímetros.

Colisionan los mares , algunos astros y otras cosas

 Lourdes no quiere vestirse.

Me sonríe al otro lado del colchón

como si fuera yo 
el único chiste bueno que aprendió.

Me abraza con sus piernas

en una cautiva  primavera
que nace desde su sexo 
y muere en mis pretensiones

Abre su boca y bosteza ,

y con una amorosa pena 
me invita a ir por algo de té

hace saltos en el aire

y con sus tobillos
dibuja una gran M

Lourdes, vístete ,

¡Lourdes , por favor vístete!
Y no hay remedio...

Camina a tres pasos y medio de mi

con los brazos abiertos
y los senos en forma de sol.

Imita de manera burda

pero a la vez frágil
mi postura encordaba 
desbocada por el desánimo.

Conjuga pájaros hechos de viento

y da verbo al suspiro
se toma su té, se toma mi tiempo,
pero no ,

Lourdes no quiere vestirse.

Su inmaterial forma de reír me molesta

aveces la quiero ; de noche la quiero .
pero en la mitad del día es inestable
como una tempestad
atrapada en rincón.

No me quedan sorpresas 

en cuanto a ella
¿Que podría reprocharle ?

No hay bosques en su espalda 
ni lunares ni nada parecido 
donde crea no haber permanecido .

Saberlo le afecta aveces

se esconde atrás de dos cortinas.
Se llena de prejuicios
y el mundo que arrastra
se muere con ella.

y así se inventa el invierno.

Aparece en el balcón ;  al tiempo ,

cuando soy solo vació .
un hueco en el aire.
y con la tempestad que hizo lo suyo

con sus manos llenas de tanto
me invita al despojo de sernos.
Sonrio y apago la luz

En  ocasiones el temor de vernos desnudos

nos abriga mas que un pantalón 
y  dos narices que se juntan 
como un gran puente colgante
nos aferra a dilucidar cuestiones ;

El despojo puede estar
entre los símbolos del amor
mas profundo del que se tenga memoria.
Lourdes no quiere vestirse
y tampoco seria bueno que lo haga.